viernes, 22 de marzo de 2013

CRITICANDO A INTERECONOMÍA

Ayer en la tertulia de Intereconomía “Dando Caña” se soltaron algunas perlas contra la privatización de la sanidad reseñables por sintomáticas del despiste y la ignorancia que nos rodea. Qué no se dirá en otras televisiones más socialistas; es para echarse a temblar. Quede aquí una respuesta lógica a tanta simpleza.

Dijo una tertuliana: “A la gente le cuesta entender que meter cualquier clase de intermediario pueda abaratar la sanidad”

Si un intermediario representara sólo un gasto más, obvio es que nadie recurriría a ellos. Pero un intermediario en un libre mercado es, por definición, un factor libremente contratado para ahorrar algún tipo de coste (dinero, tiempo, trabajo, incompetencia, etc.) por mor de su especialización, eficacia y depurada gestión. Como es natural, a cambio de su participación los intermediarios perciben una comisión, pero este gasto debe ser sobradamente compensado por los que ahorran, ya que de otro modo tales agentes nunca serían contratados.

Cosa distinta, por supuesto, son los intermediarios no solicitados por el mercado e impuestos por el poder político. De ahí viene la ingenua impresión generalizada de que la intermediación supone gastos extra. Sin embargo, si una empresa privada se compromete a gestionar que se facilite el mismo servicio más barato después de incluir sus beneficios, es absurdo objetar lo oneroso de estos últimos.


Otro terció: “Ciertos informes  cuestionan que la privatización suponga alguna clase de ahorro”

Sería sorprendente que una gestión privada sin los típicos lastres asociados al vitalicio empleo público (salarios desvinculados del mercado y la productividad, ausencia de movilidad y adaptabilidad a las circunstancias, mayores posibilidades de fraude, subordinación de resultados a la buena fe del trabajador, etc.) y, sobre todo, sometida a las presiones del mercado para satisfacer a sus clientes ofreciendo la mejor relación calidad-precio no tuviera mejores resultados ni supusiera ningún ahorro frente a una gestión pública de clientela cautiva, sin el menor incentivo serio para no derrochar y ser más eficiente. Sería harto sorprendente, pero no un argumento a favor de lo público. Unas muy cuestionables, y susceptibles de los mayores falseamientos, evidencias empíricas sin una teoría lógica que las explique son por completo inútiles. Alguien debería explicar las razones lógicas y abstractas por las que lo público vendría a ser más eficiente; no sé, tal vez que los trabajadores públicos son más felices y por ello más buenas personas y mejores y más honrados trabajadores, aun rodeados de todos los incentivos para abusar y malgastar. Pero según esta curiosa teoría deberíamos dejar las puertas de casa abiertas, ya que sería nuestra desconfianza lo que incitaría a los ladrones a robarnos.

Luego intervino don Eduardo: “Se maneja reiteradamente el argumento de que la sanidad pública pierde dinero y no hay nadie que diga que un hospital no tiene obligación alguna de ganarlo, faltaría más ¿Es acaso un mercadona? La sanidad es una necesidad pública que hay que cubrir incluso con pérdidas porque el beneficio social que aporta es superior al coste económico”

Si un hospital no tiene obligación de ganar dinero, porque no es un Mercadona, alguien deberá trabajar por amor al arte ¿O eso de “ganar dinero” se refiere exclusivamente a beneficios superiores a los necesarios para que todos los trabajadores e inversores sean compensados? Bueno, entonces al menos tendrá obligación de ganar ese dinero básico. ¡Pero no más! Es decir, no deberá percibir más dinero público que el estrictamente necesario para abonar salarios e intereses financieros de mercado, gastos corrientes de mercado y amortización de inmovilizado a precios de mercado. Sin embargo, es muy obvio que la sanidad pública arrambla del erario, es decir, de nuestro bolsillo muchísimo más que eso. POR CONSIGUIENTE ESTÁ GANANDO UN DINERO QUE NO DEBERÍA, ALGUIEN SE LO ESTÁ LLEVANDO CRUDO, Y NO DEBERÍA.

En cambio, una empresa privada sometida al mercado sólo puede ganar dinero reduciendo costes y aumentando la calidad del servicio. No tiene una clientela cautiva que le paga todas las facturas sean cuales sean. Los beneficios de una empresa privada no son lo que haya expoliado a una clientela cautiva y, por tanto, coaccionada a comprar sus productos le gusten o no, sino lo que haya podido reducir costes a base de mejorar la técnica productiva (capitalizarse) y racionalizar la gestión. De estos beneficios pronto participa la clientela, pues la competencia obliga a reducir precios. Es bien sencillo de entender por torpe que uno sea si se molesta en pensar un poquitín. Por consiguiente, que una empresa privada en régimen de libre concurrencia gane dinero significa que pronto ahorrará dinero a sus clientes. Que lo gane una empresa pública significa que alguien se lo está llevando crudo.

No, don Eduardo, tiene toda la razón: un hospital público no debe ganar dinero, por eso queremos que deje de hacerlo, ya que debido a ello su coste económico es muy superior al beneficio social que aporta

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